lunes, 4 de noviembre de 2013

y, por fin, adiós...

Es curioso cómo a veces, capítulos de tu vida que creías ya cerrados, vuelven. Aparecen sin previo aviso para demostrarte que siempre estuvieron ahí, que nunca llegaron a irse. Y llegas a ese momento en el que te sobrepasa, puede contigo. Aquella caja en la que guardabas todo los recuerdos de esa época, todos los sentimientos que movía y aún siguen afectando a tu presente, está tan llena que termina por abrirse sola. Afloran todos esos sentimientos y recuerdos que creías archivados, enterrados... y toca afrontarlos.
Tal vez sea el momento, la única forma de superar realmente todo aquello que te hundió y decidiste apartar como forma de no sufrir por ello. Tal vez sea el momento de cerrar realmente esa etapa, de aceptar que tuvo sus cosas buenas, muy buenas... pero también sus cosas malas, como toda relación, como toda amistad. Tal vez sea el momento de empezar a olvidar aquellas cosas que no fueron tan bien, de dejar de cuestionar qué hizo que todo acabara. Tal vez sea el momento de dejar de intentar culparte a ti. Tal vez sea el momento de dejar de sentirme culpable al pensar que no hice todo lo necesario, que no di todo lo que podía.
Dejémoslo en el recuerdo, en lo que fue. En todo aquello que nos aportamos en los que quizá fueran los años más difíciles, aquellos en los que sufrimos importantes transiciones... el paso del colegio a la universidad, de ser niñas a mujeres... y después, de todo a nada.
Llegados a este punto, solo queda decir: gracias y, por fin, adiós.

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