De repente algo cambia, hace 'click' en tu cabeza y todo empieza a verse diferente. Todo lo que has ido acumulando durante mucho tiempo, quizá toda tu vida, se recoloca y encaja como un puzzle.
Empiezas a valorar las cosas que realmente merecen la pena y ves menos importantes aquellas que antes parecían un mundo.
Caes en la cuenta de que las grandes cosas son realmente los pequeños detalles. Que una sonrisa nos da la vida y una lágrima de alguien querido nos mata. Que somos más felices envueltos en un abrazo y arropados con un beso que rodeados de lujo en un lecho de soledad.
Que las grandes cosas son perecederas, pero las pequeñas permanecen. Los regalos caros terminan guardados en un armario. Pero somos capaces de saborear un beso que nos dieron, estremecernos al recordar una caricia, sentir de nuevo el calor de un abrazo... Revivir el dolor, la angustia o la sensación que nos hizo sufrir y que vuelva, por ello a brotar una lágrima. Todo eso es lo que nos hace ser como somos, lo que de verdad importa...
Y ahora mismo lo que importa son los abrazos, los besos, las sonrisas, las caricias y todas esas pequeñas cosas...
como la tempestad que nace como tormenta pero siempre acaba en calma, parecida a ese sol que quiere asomar entre las nubes, cercana a una estrella que brilla en el cielo de la noche aun cuando nadie puede verla
miércoles, 3 de noviembre de 2010
10 de octubre: No es fácil... pero tampoco imposible
A veces, cuando conseguimos algo nos da la sensación de que ya es nuestro para siempre. Con el tiempo pensamos que no podríamos ser sin ello.
Sin quererlo, sin darnos cuenta y sin un "por qué" se va. Nos derrumbamos, creemos que ya no hay nada más después y nos obcecamos en recuperarlo. Pero en ocasiones es mejor hacernos a la idea de que no volverá.
Duele, nadie lo niega, pero ese dolor termina por hacernos sanar.
Nos empeñamos en autoculparnos, buscamos un error que cometimos, un momento en el que todo se torció, algo, cualquier explicación que quizá ni exista.
Tal vez todo ocurra por algo, con algún fin...
Sin esperarlo, sin quererlo ni buscarlo, alguien que llevaba tiempo delante de nuestras narices nos ayuda a salir de ese círculo vicioso. Nos saca de esa espiral que no lleva a ningún lado y se convierte en alguien especial.
Pero has de tener paciencia, porque él también tiene reciente algo parecido, pero multiplicado mil veces. Tienes el miedo de que te vuelva a ocurrir lo mismo, pero piensas esperarle lo que haga falta, porque merece la pena.
Cada vez que estáis juntos es especial. Los besos por el cuello hacen que sus manos se tensen en mi espalda. Subiendo por su mandíbula, hasta llegar casi a sus labios. Quedarme a unos milímetros, sintiendo su respiración. Me habla entre susurros y nuestras bocas se rozan... mi pulso se acelera y noto su corazón golpeando en mi pecho. Acerca su cuerpo aún más al mío y parecemos fundirnos en un abrazo gracias a ese esperado beso...
Sin quererlo, sin darnos cuenta y sin un "por qué" se va. Nos derrumbamos, creemos que ya no hay nada más después y nos obcecamos en recuperarlo. Pero en ocasiones es mejor hacernos a la idea de que no volverá.
Duele, nadie lo niega, pero ese dolor termina por hacernos sanar.
Nos empeñamos en autoculparnos, buscamos un error que cometimos, un momento en el que todo se torció, algo, cualquier explicación que quizá ni exista.
Tal vez todo ocurra por algo, con algún fin...
Sin esperarlo, sin quererlo ni buscarlo, alguien que llevaba tiempo delante de nuestras narices nos ayuda a salir de ese círculo vicioso. Nos saca de esa espiral que no lleva a ningún lado y se convierte en alguien especial.
Pero has de tener paciencia, porque él también tiene reciente algo parecido, pero multiplicado mil veces. Tienes el miedo de que te vuelva a ocurrir lo mismo, pero piensas esperarle lo que haga falta, porque merece la pena.
Cada vez que estáis juntos es especial. Los besos por el cuello hacen que sus manos se tensen en mi espalda. Subiendo por su mandíbula, hasta llegar casi a sus labios. Quedarme a unos milímetros, sintiendo su respiración. Me habla entre susurros y nuestras bocas se rozan... mi pulso se acelera y noto su corazón golpeando en mi pecho. Acerca su cuerpo aún más al mío y parecemos fundirnos en un abrazo gracias a ese esperado beso...
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