De repente algo cambia, hace 'click' en tu cabeza y todo empieza a verse diferente. Todo lo que has ido acumulando durante mucho tiempo, quizá toda tu vida, se recoloca y encaja como un puzzle.
Empiezas a valorar las cosas que realmente merecen la pena y ves menos importantes aquellas que antes parecían un mundo.
Caes en la cuenta de que las grandes cosas son realmente los pequeños detalles. Que una sonrisa nos da la vida y una lágrima de alguien querido nos mata. Que somos más felices envueltos en un abrazo y arropados con un beso que rodeados de lujo en un lecho de soledad.
Que las grandes cosas son perecederas, pero las pequeñas permanecen. Los regalos caros terminan guardados en un armario. Pero somos capaces de saborear un beso que nos dieron, estremecernos al recordar una caricia, sentir de nuevo el calor de un abrazo... Revivir el dolor, la angustia o la sensación que nos hizo sufrir y que vuelva, por ello a brotar una lágrima. Todo eso es lo que nos hace ser como somos, lo que de verdad importa...
Y ahora mismo lo que importa son los abrazos, los besos, las sonrisas, las caricias y todas esas pequeñas cosas...
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