miércoles, 3 de noviembre de 2010

10 de octubre: No es fácil... pero tampoco imposible

A veces, cuando conseguimos algo nos da la sensación de que ya es nuestro para siempre. Con el tiempo pensamos que no podríamos ser sin ello.

Sin quererlo, sin darnos cuenta y sin un "por qué" se va. Nos derrumbamos, creemos que ya no hay nada más después y nos obcecamos en recuperarlo. Pero en ocasiones es mejor hacernos a la idea de que no volverá.

Duele, nadie lo niega, pero ese dolor termina por hacernos sanar.

Nos empeñamos en autoculparnos, buscamos un error que cometimos, un momento en el que todo se torció, algo, cualquier explicación que quizá ni exista.

Tal vez todo ocurra por algo, con algún fin...

Sin esperarlo, sin quererlo ni buscarlo, alguien que llevaba tiempo delante de nuestras narices nos ayuda a salir de ese círculo vicioso. Nos saca de esa espiral que no lleva a ningún lado y se convierte en alguien especial.

Pero has de tener paciencia, porque él también tiene reciente algo parecido, pero multiplicado mil veces. Tienes el miedo de que te vuelva a ocurrir lo mismo, pero piensas esperarle lo que haga falta, porque merece la pena.

Cada vez que estáis juntos es especial. Los besos por el cuello hacen que sus manos se tensen en mi espalda. Subiendo por su mandíbula, hasta llegar casi a sus labios. Quedarme a unos milímetros, sintiendo su respiración. Me habla entre susurros y nuestras bocas se rozan... mi pulso se acelera y noto su corazón golpeando en mi pecho. Acerca su cuerpo aún más al mío y parecemos fundirnos en un abrazo gracias a ese esperado beso...

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