miércoles, 1 de septiembre de 2010

1.209.600segundos...

Algo me supuse ayer, aunque intentaba negármelo a mi misma, algo dentro se mí me lo decía a gritos. Aún así esta noche a penas he dormido... había puesto el despertador a las 6:45 para poder esperarte en el metro. No ha hecho falta ni que sonara, me he despertado a las 6:00 pensando que me había dormido.

Pero he llegado a la estación a las 8:13. Tarde, seguro que ya te habías ido... Subí en el siguiente me senté y me metí en mi burbuja, a pensar en mis cosas, o más bien a intentar no pensar en ellas... Argüelles, Moncloa y... Ciudad Universitaria. Alguien me toca la rodilla y me saca de mi nebulosa.
Era ella y, detrás . No sabías cómo reaccionar, se te veía en la cara. No esperabas verme ahí hasta dentro de 12 días... ¡Sorpresa! Aunque no sé quien se ha llevado la "sorpresa" más grande.

Creo que, por primera vez en mi vida, he sentido cómo se me paraba el corazón y se resquebrajaba en mil pedazos. No quiero imaginarme mi cara. No sabes si se sentarte a su lado o al mío, así que te quedas de pie, en medio. Al final terminas por sentarte frente a mí. Yo prefiero no despegar la vista del suelo. Sé que si te miro romperé a llorar. Noto tus ojos clavados en mí. Cojo fuerzas, no sé muy bien de donde, y te devuelvo la mirada. "¿qué te pasa?", "Nada"; "¿Qué te pasa?"... "Lo sabes perfectamente, no sé para qué preguntas", "A lo mejor es porque me preocupo", "No te preocupes tanto entonces". A lo mejor te he resultado borde, pero, ¿qué esperabas? Contigo me he quitado la coraza y me he encontrado con una buena hostia sin verla venir. Ha sido un mecanismo de defensa para no derrumbarme ahí mismo.

Llegamos y ya sentada cojo mi cuaderno, pero me doy cuenta de que me estás mirando así que dejo la hoja en blanco. Ya habrá tiempo de escribir todo ésto... al fin y al cabo, cada segundo está grabado a fuego en mi memoria.

Entramos en la sala y te miro cuando nadie me ve. De vez en cuando se cruzan nuestras miradas, pero no tengo casi fuerzas para aguantar la tuya... así que vuelvo a mirar al suelo. Entrego los contratos, que es lo que realmente venía a hacer. Tú tienes reunión. Yo me quedo hablando y vuelvo a sentir tus ojos clavados en mí cada dos por tres.

Bajo para despedirme y cuando salgo me cruzo contigo. Sólo me sale un tímido "adiós" que se ahoga en mi garganta mientras cuento los adoquines de la acera. Llego a Príncipe Pío, cojo el coche y me voy al hospital.

Primer mensaje. Una conversacción por mensajes y termino queriendo llorar, pero no puedo, no es el momento ni el lugar. Voy en el coche ya de vuelta a casa y me llamas. Me pienso si cogerlo. Tampoco es un buen momento... Cuando llego a casa me cambio para salir a correr, para huir un poco, no sé muy bien de qué... de la situación, de tí, de los recuerdos... de mí misma y de mis sentimientos... Puede que de todo un poco. Me llamas y busco un parque solitario donde poder hablar. Supongo que sé que esta vez no podré contener las lágrimas.

Hablamos y habalamos y seguimos hablando. Te lo reconozco: no entiendo nada, no entiendo la finalidad de estar con otras personas si eso nos hace daño a los dos. Terminas diciéndome que no quieres hacerme daño... lo sé, pero eso no hace que duela menos. Me había prometido que no me oirñias llorar, pero no puedo evitarlo, aún así me controlo.

Pero al colgar... no aguanto más. Camino por las calles que juntos recorrimos y, mi mente, me juega la mala pasada de devolverme tu imagen reflejada a mi lado en cada escaparate. No lo soporto, así que comienzo a correr para huir de todos esos recuerdos que me hacen sentir tan rara... Me hacen feliz y me duelen al mismo tiempo... mientras sonrío, algo cálido me nubla la vista, moja mi cara y termina por morir en mi labios con un toque salado.

Sigo corriendo, cada vez más y más rápido. No puedo parar o me alcanzará la imagen de tu sonrisa, el sonido de tu voz, la calidez de tus labios sobre los míos, el tacto de tus manos entrelazadas en mi espalda cada noche en el sofá... Así que continúo aunque a penas me queda aliento.

Me detengo de golpe. No puedo más. El corazón machaca mi pecho intentando escapar y duele... ya lo creo. Pero no tanto como la posibilidad de perderte... nada duele tanto como eso. Necesito saber que estarás ahí, significas demasiado... ya lo sabes. Me gustaría saber lo que pasa por tu cabeza, lo que piensas... ojalá fuera capaz de recordar lo que me dijiste, porque seguramente me ayudaría a soportar los días, las horas, los minutos... todos y cada uno de los segundos que me has pedido: 2 semanas, 14 días, 336 horas, 20.160 minutos... 1.209.600 segundos...

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